lunes, 26 de noviembre de 2012

Somos uno

Tenían la ilusión que tienen los adolescentes cuando llega el primer amor; los grandes ojos verdes de la joven rubia reflejaban un brillo especial en su mirada, mientras él la tomaba de la mano atrayéndole hacia sí.

Se oían murmullos en un tono suave, dulce. Eran sus promesas de amor eterno, porque el amor, siempre es eterno mientras dura, y aquel momento único que comparten, era el principio del resto de sus vidas. 

Ellos son uno, el resto de los transeúntes que pasan a su alrededor pasaban desapercibidos. Ni los niños jugando a la pelota, ni los perros ladrando a su paso consiguen perturbar sus palabras, miradas, gestos, silencios. 
 
Nunca hubo silencios incómodos, el silencio es parte de su yo común. Se hablan sin palabras, se miran y ven más allá, se rozan y sienten todo el cuerpo del otro, se besan, y se funden con un beso que piensan que siempre recordarán, mientras, la suave brisa de noviembre en Madrid hace que caigan las primeras hojas otoñales a su alrededor.


Jardín Botánico, Madrid
 

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